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La diarrea inmisericorde que padecía Margott, no era otra cosa que un vudu muy apañao, que le habían encargado a un santón sus “amigas”, en represalia por tanto devaneo con todo buen mozo que apareciera, y ellas estaban hasta el mismísimo moño, de que agarrara para ella lo mejor que se les acercaba o pasaba a un kilometro. Al saber del resultado, pensaron que se habían gastado todos los ahorros, pero que había merecido la pena, porque tenía para rato. Así que decidieron volver a los madriles y levantar la veda para la caza del hombre apuesto.
Es decir, todo lo que se moviera sin distinción de raza ni religión.
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