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Y referente a la leyenda en sí, nadie, en su sano juicio, puede creer que Dios adoleciera del poder de persuasión suficiente para convencer a aquella pareja de la conveniencia de estar a su lado. Basta un pequeño esfuerzo de imaginación para ponerse en el lugar de Adán y Eva; ellos, contemplando la visión de Dios rodeado de todos sus atributos, estarían envueltos en una dicha indescriptible, en un auténtico cielo; aún así, pretenden hacernos creer que dieron la espalda a Dios. Ahora bien, muy distinto es lo que debió suceder ante la presencia de Yahvé.
En cuanto al pecado, ¿es justo que se castigue por una falta no cometida? Hacerlo sería propio de la justicia más calamitosa; sin embargo, según afirman sus fieles, Yahvé sí lo hizo; ya que, tal como aseguran, todos estamos condenados por una desobediencia ajena a nuestra voluntad…
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