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Cuando conocemos a alguien, la primera impresión sin ninguna duda es su aspecto físico, pero es un tanto peligroso dejarse influir solo por esa apariencia externa porque la mayoría de las veces corremos el peligro de equivocarnos, aunque otras acertamos de pleno, pero las menos.
Cuando nos ofrecen un regalo, lo primero que vemos es el envoltorio, si este es hermoso, con un bonito papel y decorado con gusto y elegancia, inevitablemente pensamos que contiene algo extraordinario que nos va a complacer en extremo, pero podemos llevarnos la desagradable sorpresa de que solo contenga una horrible figurilla de todo a cien, aunque tambien es posible que nuestras expectativas se vean cumplidas.
En el caso opuesto, cuando el regalo viene envuelto en un papel ordinario y sin demasiado esmero, puede ocurrir que encontremos algo tan bello que nunca nos lo hubiéramos imaginado, aunque también es posible encontrar la horrible figurilla del todo a cien.
Creo que así pasa también con las personas, que confiamos demasiado en apariencias que pueden resultar falsas, cuando solo el tiempo suficiente nos otorga la facultad y el conocimiento paera valorar a esa nueva posible amistad.
Resulta demasiado fácil llamar amig@, declararse amig@s incondicionales, ¡ para siempre! pero solo cuando se llega al auténtico conocimiento podremos otorgar ese preciado título AMIG@, que tan solo tenemos muy poquitos en nuestra vida, los demás son simplemente conocidos que a veces vienen y van sin aportar nada.
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