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Desde mi ventana contemplo por enésima vez el bello paisaje que se ofrece ante mi vista y que nunca me canso de contemplar. Es una vista limpia y nítida que confiere la total ausencia de contaminación, que unido a ese aire limpio y fresco de la mañana me retiene un buen rato cada día, mientras intento apartar los últimos vestigios de sueño.
Al fondo las montañas pintadas de diferentes tonos de verde que junto al gris azulado de las más lejanas, enmarcan un cielo azul celeste radiante. Algunas nubecillas blancas que van cambiando de forma al capricho del suave vieentecillo y casi sin darme cuenta comienzo el juego de adivinar las cambiantes siluetas y formas.
De vuelta al suelo poso la mirada hacia el valle donde perezoso aún descansa el pueblo. Reina la paz y el silencio y los pajarillos comienzan a desperezarse iniciando sus tímidos trinos que en poco tiempo se haran intensos rompiendo el absoluto silencio anunciando así el comienzo del día.
Ya el pueblo despierta, algun que otro coche, persianas que se abren, las campanas tocan a misa primera.
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