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Dulce y voluble septiembre llegas en las postrimerías del estío y te marchas trayéndonos el dorado y tibio otoño con sus bellos colores algo tristes pero hermosos. Los árboles comienzan a cambiar de vestimenta amarilleando sus hojas antes tiernas, verdes y exhuberantes para pasar a los dorados, ocres y rojizos vistiendo el paisaje de exquisita belleza.
Tu serena belleza es bálsamo para el alma sensible y cansada porque inspiras paz y sosiego mostrandote en esplendor maduro antes de la desnudez que llegará implacable con el invierno frío.
Tu luz ambarina encandila los ojos sensibles con tus tonos dorados, nos regalas las uvas maduras, comienza la vendimia y lucen los racimos dorados o morados que encierran el néctar dulce que quizá se convertirá en buen vino.
Llegan las lluvias, refresca el ambiente, se agradece, así debe ser un otoño más en el que sumaré otro año a mi existencia.
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