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Alma fuerte, alma llena, alma definitiva,
inúndame este cuerpo que de vacío peca.
Eres la cosa buena, la mañana que jura,
el aroma que arranca la lluvia de la tierra.
A ti vienen los campos girando con el mundo,
en ti emigran las aves que el invierno sofoca.
Regálame tus nidos de hierbas aromáticas
para empollar otoños que revienten en hojas.
Y en la alfombra que cruje, de rojiza hojarasca,
te amaré sin pretextos como si no existieras.
Serás barro sumiso entre mis manos de agua.
Tu canto se unirá con el de la floresta,
trinarás como un pájaro, saltarás como rana,
y quedarás dormida con pijama de hierbas
Alex.
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