 |
Como cada tarde me acerco al parque para proporcionar a mi perrilla un rato de solaz al aire libre. No sé porque hoy reparo en el cambio que se está produciendo.
Ha adquirido ese cariz otoñal que se acentúa con la luz del atardecer que le confiere bellos tintes dorados.
Me siento en un banco y me deleito con el aroma de la hierba húmeda y recien segada. Los árboles comienzan a decolorar sus hojas preparándose ya para su sueño invernal, algunas hojas ya caídas salpican el verde intenso con sus tonos ocres y rojizos iniciando un tapiz que dentro de poco cubrirá el suelo casi por completo.
los pajarillos inquietos revolotean de rama en rama y bajan a buscar alguna migaja para alimentarse.
El cielo de un azul brillante, comienza a hacerse más oscuro a la par que el sol cada vez más bajo se despide regalándonos hermosos tonos rosados que atraviesan las nubes dibujando bellos haces de luz.
Las nubes se deslizan a merced de un vientecillo ya fresco que me hace arrebujarme en mi chaqueta.
La luz cada vez más ténue va dejando paso a la oscuridad y el sol desaparece tras el horizonte con la firme promesa de un nuevo amanecer.
Mi perra sigue correteando felíz persiguiendo palomas y saludando a su modo a otros perrillos que juegan con ella.
Se hace tarde y es hora de regresar a casa.
|