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Y en los rincones , jubilados vendiendo ajos , bolsas de basura y otros miles de objetos cotidianos para sacarse un dinerillo extra.
El paseo se convierte en un ir y venir de personas que casi se atropellan a su paso , carritos de la compra nos pisan los pies en cuanto nos descuidemos y los perros , mal sitio para llevarlos ; desaparecen bajo todo ese enjambre de seres humanos con riesgo de ser aplantados.
Las plazas de parking vuelan por arte de magia en un instante , incluso el espacio en el paso de peatones.
Te encuentras con vecinos , hasta aveces con compañeros de trabajo , todos con sus paquetitos ; explicándote con euforia sus adquisiciones como si de un tesoro se tratase.
Va pasando la mañana y los ruidos cesan y los puestos van recogiendo hasta la próxima semana.
Y asi un martes tras otro , haga calor , frío o lluvia.
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