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Lo realmente triste de la patria subsidiada es que las generaciones de nuestros abuelos vieron un país próspero surgido de la cultura del trabajo, mientras que las generaciones posteriores vieron crecer, no solamente la injerencia del sector público en el ámbito privado, sino la holgazanería y la comodidad de quienes se habituaron a vivir y a esperarlo todo del Estado, factor que está fomentando en los jóvenes del tercer milenio una actitud de especulación e indiferencia en la formación personal y de profundo desaliento en lo que hace al trabajo, el esfuerzo y el mérito.
Horacio Martínez Paz
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