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Ha vuelto a mí, a mis esquinas
después de tantos años.
Después de los olvidos, la fiebre,
la amarga oscuridad
del abandono.
Ha vuelto y aquí mis manos
de nuevo han abrigado sus manos
y sus ojos han leído en los míos
páginas antiguas
que aprendieron a dialogar
con las derrotas.
Uno descubrió con el tiempo
el precio de las cosas. Estas cosas inasibles,
los latidos abruptos de la vida,
y conoce por fin
el valor de la alegría
y la versátil penumbra de los sueños.
Sin embargo un alcance.
Fue tan largo el periplo del silencio
que ahora sólo somos
una sombra emboscada en el recuerdo.
Y otro alcance.
Ha llegado
la fina dulcedumbre de la tarde
y el canto del otoño
a vestir de templanza
el árbol de los sueños.
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