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Estaba un hombre caminando por la playa, con sus pies chutando en al olas y con las manos cogidas a su espalda. d
De repente alzó los ojos al cielo y con toda la devoción que pudo, pidió a Dios que le concediera un deseo. Dios al verlo se apiadó de él.
- Pedid y se os dará,…
exclamó una voz desde lo alto.
- Mire Sr. Dios, tengo una novia que vive en Málaga y como yo vivo en Mallorca, me cuesta mucho ir a verla, ¿No podría construirme unos puentecitos que una Mallorca con ibiza y que desde Ibiza saltase a la península?
- Eso que me pides, respondió Dios, es un trabajo muy materialista. Tendría que erguir grandes pilares de hormigón que profanarían mis océanos. Debería emplear cientos de toneladas de hierro y asfalto. Reflexiona hijo mío, pídeme algo que me honre y glorifique el hacerlo…
A lo que el hombre respondió:
- Bueno pues Sr. Dios… Me he divorciado tres veces, me gustaría tener el don de saber escuchar a las mujeres y comprenderlas. Saber por qué dicen no cuando quieren decir sí y viceversa. ¿Conocer qué quieren decir cuando callan y por qué lloran sin motivos?, ¿Cuál es el secreto para hacer feliz a una sola mujer?
Y Dios desde lo alto… carraspeó y respondió a su deseo con una pregunta:
¿A ver hijo mío… Y de cuántos carriles dices que quieres esos puentecitos?
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