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Un deber cívico.
Hay que pensar mal, en suma, de esta casta maligna… por cuanto es la mejor manera de defenderse contra este tipo de abortos de la naturaleza como el que protagoniza hoy el parricida rapiñero.
Contra el acostumbramiento resignado.
Contra la increíble mansedumbre civil, frente al interminable desfalco que se nos ofrece hoy, impúdicamente, como paisaje cotidiano y habitual, desde el pináculo del poder.
Desde cada cartera ministerial, desde cada Secretaría de Estado, desde cada Organización no Gubernamental, sedes espeluznantes todas ellas, de los habitáculos de nuestra enorme cáfila de antropófagos del robo en poblado y en banda.
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