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Dicen que somos esclavos de nuestras palabras y dueños sólo de nuestros silencios. Pero las palabras no dichas, no pronunciadas, no regaladas, no escupidas, no vomitadas…es como el agua que se escapa entre los dedos.
Hay palabras que sirven para hacer amigos, otras que ayudan a realizar amores, otras que nunca se debería pronunciar.
Pero siempre esperamos esas palabras-regalo, esas palabras que son como un lubricante, para hacer gurpo, hacer amistad y todas aquellas que sirven para expresar belleza y sentimientos nobles en el ser humano. Por todo ello:
¡Benditas palabras!!
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