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Resulta lamentable observar y comprobar la progresiva decadencia de la cortesía en círculos sociales cada vez más amplios.
La afabilidad, las buenas maneras, la frase amable, la atención al prójimo, parecen actitudes que están siendo rápidamente desplazadas por la brusquedad. la descortesía, el gesto adusto y destemplado, como si tal cosa constituyera para quienes las asumen patente de superioridad o suficiencia, cuando en realidad es todo lo contrario, al revelar únicamente una mala educación y manifiesta inclinación hacia lo grosero.
Es cierto que en la sociedad contemporánea, tan llena de tensiones, los ánimos se irritan con frecuencia, se pierde la paciencia fácilmente y se abren válvulas de escape de mal humor.
Pero no debía olvidarse que todos estamos obligados a vivir en la comunidad de la que formamos parte y, como ello implica la necesidad de llevarnos bien con los demás o sea “conllevarnos” (Ortega y Gasset), resulta indispensable que todos procuremos ser amables, atentos y corteses con los otros, esperando reciprocidad.
También resulta ya motivo de muy grata sorpresa encontrarse en alguna dependencia y oficina pública o privada, empleados dispuestos a escuchar atentamente y sin gestos de impaciencia o mal humor.
La queja o la solicitud de aclaración de la persona que acude a ellos en consulta o para exponerle un problema.
sigue…..
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