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| ..Isabel.. | # Posted on 31 diciembre, 2011 at 14:50 |
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Viajó poco este año en comparación con otros: un almuerzo en Redondela o Vigo; un fin de semana en Conneticut; la Semana Santa en Okinawa, dos días en Coimbra y una escapada rural, un puente, en Frigiliana. Siempre se había preguntado cómo sería la primavera en Alaska, por qué se llama Alberta una región de Canadá, si todo el mundo se conoce en Islandia y si acaso la visión del sol de medianoche te cambia la vida. Pero eran preguntas que continuarían sin poder ser respondidas por el escritor de discursos. Al igual de por qué hoy se escribe con hache y ayer no. O si no era un gasto inncesario ponerle dos enes a innecesario. Como cada año en 31 de diciembre recordó las veces que había llamado a un antiguo amor: trece; el número de ocasiones en las que tuvo que devolver un arroz por duro: dos. Todos esos datos los tenía anotados meticulosamente en un diario. Un diario voluminoso en el que la última estadística era el número de veces que se había sentado a escribir en él: 364. Faltaba una, pero hoy no iba a hacer los deberes. Se acercaba la hora del discurso. Estaba ya bastante oscuro y su cuerpo seguía sin café. No importaba. Bajó camino de su foro y su audiencia, que no era otro que el salón de su casa y su propia y amplísima ex familia y familia. |
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