El Año Nuevo, viene a ti puro e inmaculado; acaba de nacer inmaculado.
Cada día es una perla de gran precio que te es concedida para que la ensartes en el hilo de plata de la vida.
Una vez ensartada, ya no puede desenhebrarse jamás; queda allí como un testimonio inmortal de tu ser y de tu destreza.
Debes fundir entonces, cada minuto, como eslabón dorado a la cadena eterna de las horas.
En tus manos te han sido entregados riqueza y poder para hacer de tu vida lo que quieras.
Te trae, libremente y sin reservas, doce meses gloriosos de lluvia refrescante como una caricia y de luz de sol con fulgores de oro.
Los días, para trabajar y recrearte en la belleza de las cosas; las noches, para que duermas con un sueño tranquilo.
Todo lo que sea te lo dará en una forma que no puede definirse todavía.
Recibid todos, mis mejores deseos para este año.
Besos a las damas y abrazos a los “damos”.