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Fría mañana de enero
cuando aún no ha salido el sol
y la noche es tan oscura
que hasta produce temor.
Por todas partes se extiende
un silencio atronador
parece que el mundo duerme
en su dulce ensoñación.
Esos campos blanquecinos
hablan de frío y de helor
y un manto de fina escarcha
cubre todo en derredor.
Algunos charcos helados
desde la noche anterior
brillan en la oscura noche
con un brillo de charol.
La tibia luz mortecina
de algún que otro farol
iluminan pobremente
aquí y allá algún rincón.
A la negra noche azabache
ya le llega un resplandor
que tímido va avanzando
y azulando su color.
Primeras luces del alba
que difuminan la luna
y que va borrando estrellas
poco a poco, una a una.
Así nace un nuevo día
y así la ilusión renuevo
inventándome mi día
otro más del crudo invierno.
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