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Benditos sean los que piden perdón,
los que dicen gracias y los que no se olvidan de decir por favor.
Benditos sean los que aspiran que el mundo tenga lugar suficiente
tanto para la hormiga laboriosa como para la cigarra,
con su tan necesario arte.
Benditos sean los que quieren abolir las quejas,
los que quieren que asciendan mucho los de abajo
y desciendan un poco los de arriba,
benditos los que quieren que la muerte muera.
Benditos sean los que no subsisten sollozando,
mientras esperan el milagro,
sino que se proponen forjar algo milagroso.
Benditos sean los que se arriesgan
por las causas perdidas, por conquistar corazones
y por el bien de los amigos.
Benditos sean los que se arriesgan a mostrar sus sentimientos toda la vida.
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