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Cuando éramos pibes, el mes de marzo era el regocijo de reencontrarse con los compañeros corriendo nuevamente en el patio de la escuela.
Cuando adolescentes, el mes de marzo eran las hojas muertas del otoño en las veredas y la cita amorosa invitaba a un abrazo más tibio y prolongado.
Y ahora que crecimos todos, así de golpe, el mes de marzo es el mes de la Memoria, la Verdad y la Justicia.
Pasaron muchas cosas en los años que siguieron al 24 de marzo de 1976.
Hay una grieta en nuestra historia personal y colectiva, un antes y un después, un hola que tal que quiso ser eterno y a renglón seguido adiós, me voy, no puedo, debo escapar, me andan buscando, un hasta pronto, un no lo vi más, un nunca supe nada de ella, que la extraño tanto, que aun me duele cada herida, que los 30 mil, que aquí nadie se rinde.
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