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La noche extiende su manto de oscuridad sobre los campos mojados.
Solo el queso de la luna brilla, mortecinamente, en el cielo encapotado.
Un relámpago, hiere las nubes de muerte con su roja y centelleante luz espectral.
La tormenta avanza desde el mar hacia el pequeño pueblo costero, que a duras penas, resiste el embate de las olas a sus pies.
Firme como una roca, el viejo castillo resiste el paso del tiempo y de muchos temporales igual a éste.
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