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Los más corruptos y corruptores, con sus garras sucias de sangre, dirigen a los fatuos, que están siempre dispuestos a ser solidarios con los millonarios antes que con sus compatriotas menos favorecidos por la suerte.
Clarín los usa como extras de su puesta en escena… y los giles -que se creen sofisticados y cultos- ni se dan cuenta. Los testimonios que levantaron en la calle, son de un patetismo extremo. La espontaneidad de la convocatoria fue tan falsa como su pacifismo.
Es complicado penetrar en el razonamiento de los cacerolos. Pese a que muchos fueron a caros colegios y viajaron por el mundo, es llamativo que tengan dificultades tan gruesas para enunciar una idea.
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