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Como ejemplo característico de la práctica de “dar cíe beber al sediento” puede presentarse a San Gil (que vivió en Francia alrededor del ano 700).
En sus años jóvenes estuvo al servicio del rey y nunca le faltó dinero, que daba siempre a los pobres.
Si un forastero preguntaba dónde vivía Gil, solían decirle:
-Vaya usted a tal calle y donde haya una turba de gente pobre, allí tiene él su casa.
Pues es lo cierto que cada día hospedaba algunos pobres en su casa, a quienes servía antes de tomar él su comida.
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