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Pese a que una pareja de millonarios que conoció en el barco se ofreció a pagarle el viaje a Nueva York, su superior le ordenó que abandonara la nave en el último puerto europeo en el que se detuvo el Titanic, antes de dirigirse a Estados Unidos
.”Salga de esa nave””Salga de esa nave” reza claramente el telegrama que recibió el P. Browne y que debido a su “santa obediencia”, lo salvó de la catástrofe.
El sacerdote jesuita mantuvo esa nota en su billetera hasta el último de sus días.
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