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Todos los palos son contra el Gobierno.
Los insubordinados son presentados como proletarios en rebeldía.
La continuidad de la insubordinación, pese a la pronta respuesta del gobierno, es contemplada y justificada sin pudor alguno.
El voluntarismo de otros decía por las mismas horas que “no pasaba nada”, que era “solo un reclamo de tipo gremial” y que “había que atender todas las demandas”.
Pues bien; el conflicto protagonizado por las fuerzas de seguridad, aunque disparado por una justa razón, entró luego en un terreno rayano con la insubordinación golpista.
¿O cómo se explica que un uniformado salga a emplazar a la Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, la Presidenta de la Nación, “a dar una respuesta en dos horas”?
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