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Como una rosa
como una almendra,
¡ay, amor de mis amores!
quisiera ser de pequeña
para caber en tu mano
entera.
Tuya, para siempre tuya,
de los pies a la cabeza,
dentro de tu mano amante
y en tu pulso prisionera.
¡Ese adiós, cuando me voy,
esa caricia de seda,
ese amparo de yus manos
como dos alas abiertas!
¡Qué dos montones de trigo,
qué dos palomas morenas,
qué dos almohadas vivas
para un sueño sin estrellas!
¡ Cómo me siento segura
viendo latir tus muñecas!
¡Ay, si yo pudiera, amante,
amante, si yo pudiera,
en la palma de tu mano
dejaría mi cabeza
decapitada y sin voz,
y moriría contenta
como una rosa sin tallo
puesta sobre una bandeja.
R. de León
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