 |
Los que tenemos memoria lo recordamos muy bien.
Y se lo recordaremos a los desmemoriados cada vez que salgan a batir sus cacerolas.
UNA MUJER CON ALAS ROTAS
Su padre fue uno de los fundadores del socialismo vasco.
Ella, Amaia Egaña, de 53 años, también fue concejal por su partido en el País Vasco. Ahora trabajaba en una empresa de ómnibus de su pueblo, Baracaldo, Vizcaya.
Con su magro sueldo sostenía la olla familiar junto a su marido, José Manuel Asencio, también ex concejal socialista vasco.
Desde hace un año la crisis financiera le atenazaba el corazón con la amenaza de echarla de su casa hipotecada.
Una entre las miles de viviendas con que La Caixas, el mayor banco español en bancarrota, había provocado la burbuja inmobiliaria que cuando explotó, hizo estallar a España.
Amaia sufría la vergüenza de ver publicada en Internet la propaganda del banco ofreciendo su vivienda para la venta con un cartel que decía: “¿Te gusta? Haznos tu propuesta. Llaves no disponibles temporalmente”.
Pero si aquí vivía Amaia. Este era el hogar de la socialista, la militante, la luchadora. Una mujer de pueblo. La madre, la esposa, la compañera Amaia, como la conocían en Baracaldo.
|