Te sienta bien el otoño…
Qué gusto volverte a ver…
¿Me recuerdas?… Soy el plomo
que por el 73
investigó tus costumbres
y registró tu intimidad
para coincidir contigo
como por casualidad.
Aquél que cuando la tarde
amenazaba llover
te esperaba con el alma
prendida de un alfiler
para abrirte su paraguas
y con él, su corazón.
El que te decía “hola”…
Y al que decías “adiós”…
Cuántos metros soñolientos
no habré dejado escapar
por atravesar contigo
las tripas de esta ciudad.
Para volar en tu enjambre,
por tener algo en común
me amigué con tus amigos,
conservo algunos aún.
Vencí el vértigo a las cumbres
por llegar a tu nivel
y por rozarte el vestido
hacía cualquier papel.
Cuántas volteretas vanas
para llamar tu atención
sólo por decirte “hola”
y oírte decir “adiós”.