 |
Hace cientos de años, en una ciudad , un hombre de noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era oscura en las noches sin luna como aquella.
En determinado momento, se encuentra con un amigo.
El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta que es, el ciego del pueblo.
Entonces, le dice: -
¿Qué haces tú ciego, con una lámpara en la mano?
¡Si tú no ves!
Entonces, le responde: –
Yo no llevo la lámpara para ver mi camino.
Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria.
Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi…
No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para ,que otros no se pierdan,estaremos logrando lo que Dios nos pide
Que nos amemos los unos a los otros y nos ayudemos
TU ANGEL.
|