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Tambien yo veo caer esas hojas del otoño tardio desde mi ventana.
Esas hojas, se dejan acariciar por una ténue llovizna que las limpia de las pisadas de intrusos desorientados que no perciben su dolor.
Algunas de esas hojas, ya dejó de existir bajo los pasos de quien no la observó para dejarla caida.
Mañana, vendrán escobas enormes y las harán desaparecer.
¡Y ya, no serán “nada”!
“Tor”
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