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Nos interesa analizar el factor cualitativo que revela la decisión corporativa adoptada por Moyano, Michelli, Buzzi y Barrionuevo.
La adhesión de la Sociedad Rural a la extorsión no es un dato menor en un país donde la oligarquía comandó golpes de estado, desabastecimientos y genocidios.
O estaban confabulados de antes o vieron luz y entraron.
En cualquier caso es gravísimo; porque muestra la calaña de una dirigencia capaz de juntarse con el diablo con tal de asestar un zarpazo al gobierno nacional y popular, así como desnuda su falta de lealtad para con los trabajadores.
Todo fue grupo de choque. Todo fue y es operación política. Todo es odio. Todo es intento de destrucción de las conquistas construidas por el pueblo y su gobierno en estos últimos años.
El bastardeo que hicieron a la historia del piquete es indignante.
El piquete nació en los ‘90 como la forma que eligieron los humildes para no caerse de la ruta, de la vida, de la educación, del país, del trabajo.
Una medida de sobrevivencia, casi.
¿Y de qué tienen temor a caerse estos dirigentes?
¿De los 5 millones de nuevos empleos? ¿Del millón de viviendas populares construidas? ¿De las 1.300 escuelas nuevas? ¿De la UNASUR y el MERCOSUR? ¿Del 6,7 % de presupuesto educativo? ¿Del mejor salario mínimo de América Latina? ¿Del juicio a los genocidas?
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