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Los controles cambiarios que se empezaron a aplicar en octubre de 2011 y se profundizaron en mayo de 2012 evitaron una caída de unos U$S 7000 millones en las reservas internacionales del Banco Central. La estrategia de la autoridad monetaria cambió un menú por otro: en vez de entregar dólares a los agentes económicos y absorber pesos, emitió moneda nacional y se quedó con las divisas extranjeras. Así, se tradujo en la emisión de $ 4100 millones mensuales extra (unos $ 33 mil en ocho meses), que primero se quedaron en los bolsillos de las personas pero tras el período de adaptación se volcaron en gran parte a los bancos, teniendo un impacto positivo en el mercado crediticio y nuevo instrumentos de inversión.
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