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XIV
Yo que creí ser fuerte,
Me vi llorar sobre mis versos
y fui savia cayendo lentamente
y las raíces se ablandaron
saliendo de la tierra.
Dejé de ser árbol poderoso
doblándome a la tierra milenaria
Y en la selva gigantesca
fui brizna quebradiza
Yo fui, yo fui, yo era.
XVI
Tengo el olor de tu piel,
tu voz en mis oídos
toda tu imagen,
tu rostro en mis rodillas, apoyado.
Y volverás a estar así
otras mañanas.
XVII
Vienen todas las voces
Cantando
vienen a vivir conmigo
los ausentes
¿Dónde están?
Yo pregunto. Yo respondo
nadie sabe.
Alcira Fidalgo
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