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Avanzo cada día hacia el oscuro
incierto del mañana y del instante;
Partícula sin nada de elegante
con un fruto pendiente prematuro.
No soy siervo de ayer ni del futuro
y del hoy soy apenas un infante
por una ruta singular. Errante
puerilidad hacia el final seguro.
Me prende la belleza y la sonrisa.
Me encanta la dulzura y me encadena
el rubio arrullo cual candente brisa;
espléndida y eterna Nochebuena.
Es la canción postrera que me avisa
un leve resto en mi reloj de arena.
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