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| Anónimo | # Posted on 13 septiembre, 2013 at 18:24 |
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Es el amor. Salgo a la tarde y me detengo en las orillas de la ciudad, junto al río. Como por encanto la fealdad y la cólera ciudadana se esfuman y veo ante mis ojos unas aguas que fluyen mansamente y unos sauces inclinados que las acarician al pasar. Nada más. Es suficiente. La naturaleza existe al igual que yo: metáfora divina. Pero necesita de mí, me espera. ¿Cuánto hace que esas aguas que fluyen, ese atardecer y su luz crepuscular, esos sauces inclinados, reúnense y esperan? Nada es azar, todo está dispuesto, y tenía que ser hoy, a mes de Octubre, en que yo, mitad cuerpo, mitad anhelo divino, me presentara,. Se ha producido el encuentro, y sólo mi poder sensible me permite reconocerlo. Yo he traído a la reunión la posibilidad de sustantivar el acto. De hacerlo humano, transfigurado en poema. |
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La poesía y la divinidad.
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