 |
Sí, amanece todos los días. Y, lo más importante, lo hace sin tenernos en cuenta, sin depender de cómo hemos pasado la noche, sin contar con nosotros, vamos. Lo que ES funciona solo.
Pero, es curioso, no nos paramos a reflexionar sobre ello. Lo consideramos normal y punto.
Solo que si eso es lo normal, lo que entonces es anormal es que no tengamos en cuenta que tenemos una nueva oportunidad de renovarnos, de aparcar aquello que no nos beneficia, de comenzar aquello que tantas veces nos propusimos comenzar, de mirar a nuestro alrededor y ver, de VER, no de mirar, a los demás, de reconciliarnos con la vida y de reflexionar si la nuestra, la de cada uno, es auténtica.
El Sol, nuestra estrella de la vida, y la Tierra, nuestro barco para navegar por el océano cósmico, nos ofrecen, un día más, todo lo que son, que es mucho, todo lo que necesitamos para vivir.
Pero, ¿Dónde están nuestras mentes? ¿Están sintonizadas con la fuente de la vida o están errantes, prisioneras y esclavas de nuestras ambiciones, deseos o miedos?
|