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¿Cómo serían nuestras vidas si cada amanecer sintonizáramos nuestras mentes con el Sol y con la madre Tierra? Seguro que mejores, más equilibradas, más serenas y más auténticas.
Pero la realidad no es esa, por eso amanece pero no se hace la luz en nuestro interior como se hace en nuestro entorno planetario. Vivimos encerrados en nuestra burbuja egoísta y aislada.
Hay luz fuera, pero seguimos a oscuras dentro.
A pesar de todo siempre amanece. El Sol y la Tierra no se cansan de darnos oportunidades para conectar con la verdadera Vida, la que parte de ellos, la única que nos sirve.
Como somos libres por diseño, tomamos nuestras decisiones y decidimos seguir a oscuras. Y ni siquiera nos paramos a pensar si es lo correcto. Eso si, siempre nos quejamos, como si alguien tuviera la culpa de lo que nos sucede.
No nos paramos a pensar que el Sol sale para todos y que la Tierra no hace diferencias entre sus hijos.
Pero, a pesar de todo, amanece todos los días.
¡Cuánta generosidad por su parte a pesar de no ser correspondidos! ?
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