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También ha afirmado que “los sacerdotes tienen que ser pastores con olor a oveja, y no gestores”, asegura que “un cristiano no es cristiano si no es revolucionario” (un respiro para la Teología de la Liberación tras décadas de golpes), reclama la necesidad de “ir a la periferia a ayudar a los olvidados”, pide a la Guardia Suiza menos seguridad para tener más relación directa con las personas, y afirma sin pestañear que los corruptos “son el Anticristo”
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