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Esas manos que zurcen a deshora,
deformadas por tantos avatares,
al lento transcurrir de cada hora,
del amor fueron cálidos pilares.
El yunque del trabajo fué la aurora
forjada de alegrías y pesares,
pero siempre salieron vencedoras
afrontando la vida y sus azares.
Valientes manos para nunca ociosas,
Esas arrugas son las más hermosas,
son los marcos que más las ennoblecen
tomando hasta el color del mismo suelo,
Puede que tiemblen pero no envejecen
¡Es que están alcanzando ya su cielo!.
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