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Cuando iba llegando a la caja, vi ORACIÓN, y la agregué a mi canasta ya repleta.
Sabía que cuando saliera la tendría que usar…
La PAZ y la FELICIDAD estaban frente a mí, así que aproveché para tomar una buena porción; la ALEGRÍA colgaba del techo, tomé una, sabía que era necesaria. Llegué al cajero y pregunté: ¿Cuánto debo?
Él sonrió y me contestó:
Lleva tu cesta donde quiera que vayas…
Una vez más, pregunté: ¿Cuánto realmente debo?
El sonrió otra vez y dijo: Hijo mío, no te preocupes, Jesús pagó esta cuenta hace mucho, mucho tiempo atrás.
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