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Necesitaba llenar ese vacio. Algo algo tan sencillo como pedir un vodka sour; como ordenar al maitre un plato de comida: “Tráigame una doble porción de vida…la mejor parte.” Y si le preguntaran como la quería, si poco hecha, al punto, o bien cocinada, responder sin ninguna duda que “al punto, tierna, jugosa, acompańada por una guarnición de amor y comprensión y una salsa bien condimentada de erotismo, locura y sensatez.” ¿Y como se digería todo aquello?
Ella que todo lo tuvo
De Angela Becerra
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