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Tanto los líderes abolicionistas como el Estado norteamericano temieron la radicalización del movimiento feminista. Se concedió el voto a los hombres negros, pero no a las mujeres, y éstas dirigieron entonces su movimiento hacia la concesión de los derechos políticos plenos a las de su sexo. El estado de Wyoming fue el primero en conceder el voto a las mujeres en 1869, pero sólo en 1920 todas las mujeres estadounidenses consiguieron el derecho al voto.
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