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La luz juega y se apaga.
Roza el ala de un cisne
y se tiende a la orilla.
Así desaparece: la respira la tierra.
La luna de las aguas refleja cómo somos.
Somos manchas de luz.
Una estela en la sombra.
Cada hoja de estos árboles está anclada a la luz
por un oscuro ímpetu de destreza.
En el jardín nocturno
vuelan lentas las horas.
La noche nos detiene hacia un abismo
mayor, más silencioso: hacia la altura.
Caemos como el agua en nuestra sed
hacia la altura.
PARA MI QUERIDISIMA MAYA.
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