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Vivir en la vejez.
Deseáis, señor Sarmiento,
saber en estos mis años,
sujetos a tantos daños,
cómo me porto y sustento.
Yo os lo diré en brevedad,
porque la historia es bien breve,
y el daros gusto se os debe
con toda puntualidad.
Salido el sol por oriente
de rayos acompañado,
me dan un huevo pasado
por agua, blando y caliente.
Con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino,
y a quién otros llaman vino
porque nos vino del cielo.
Cuando el luminoso vaso
toca en la meridional,
distando por un igual
del Oriente y del ocaso,
Seguiré mañana, saluditos
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