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«El conocimiento que comunicamos debe ser el de Jesús crucificado y, como dice san Agustín: “Antes de dejar de hablar a la boca, el apóstol ha de elevar su propia alma sedienta a Dios para luego poder entregar cuanto ha bebido, vertiendo en los demás aquello de lo cual estamos colmados”, o como nos enseña santo Tomás: “Aquellos que son llamados a la labor de una vida activa, cometen una grave equivocación si piensan que su compromiso les dispensa de la vida contemplativa. Tal obligación se añade a aquélla y no la hace menos indispensable”».Madre T de Calcuta
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