Respuesta a: Las penas y alegrias

Foros LIBROS Y POESÍA Las penas y alegrias Respuesta a: Las penas y alegrias

Autor Respuestas
fresi13 # Posted on 30 octubre, 2014 at 14:04
Avatar de fresi13

Bucay nos muestra mediante ejemplos didácticos que lo más difícil no es ayudar sino la forma en que somos solidarios.

Ayudar no es sólo darle a otro lo que creemos que le hace falta.

Tres ejemplos de la vida real, demuestran que hay ayudas que perjudican.

Ayudar verdaderamente no es nada más que dar a otros lo que nosotros decidimos que les falta; ni siquiera es donar lo que nos sobra; mucho menos, repetir automáticamente un proceso sin pensar si será útil, indiferente o perjudicial.

Se preguntará por qué digo que hay ayuda que perjudica…

Le pondré tres ejemplos tomados de la vida real.

-Después de ver en los periódicos la noticia de la desnutrición infantil en una zona de África, un grupo de empresarios europeos vinculados al negocio de los lácteos, reunió 2 toneladas de leche en polvo y fletó un avión para llevar su carga generosa y desinteresada.
A los pocos meses los datos que llegaban a las Naciones Unidas mostraron un aumento en la mortalidad infantil en esa zona del mundo. ¿Qué había pasado?
Nadie había pensado en que la leche en polvo aumentaría el consumo de agua, y dado que el agua de la zona no era potable, la leche motivó que miles de niños se enfermaran y murieran por infecciones intestinales.

-En un país latinoamericano, no demasiado distante del nuestro, un grupo de especialistas en problemas sociales diagnosticó sin esfuerzo que el nivel de hacinamiento en el que se vive en las villas de emergencia tenía relación directa con la superpoblación, y ésta con la falta de todo tipo de control de natalidad.
Los profesionales, asistentes sociales, médicos y personal del gobierno de la ciudad acordaron hacer una importante inversión para importar aerosoles espermaticidas para ser usados en contracepción.
Supuestamente la ventaja del método estribaba en que el líquido impedía la concepción antes de la fecundación (es decir, no era un método abortivo) y era de fácil distribución y sin riesgos secundarios.
El método era muy sencillo: las mujeres debían agitar el aerosol hasta conseguir la presión necesaria del vaporizador y luego humedecer el interior de la vagina con el líquido unos minutos antes de tener relaciones sexuales.
Para estar seguro de que la presión necesaria para la activación del líquido había llegado, a los 90 segundos de agitarse el aerosol sonaba una chicharra que advertía que todo estaba listo. Una semana después de repartido se confirmó que el sistema había fracasado: los aerosoles aparecían en los basureros y las mujeres se quejaban de ellos.
¿Qué había pasado?
Viviendo la pareja en un pequeño cuartucho, durmiendo con sus hijos (3 o 4) a pocos centímetros de su cama, la chicharra que parcaba la optimización del aerosol despertaba a los demás niños y el encuentro sexual era imposib