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¡Buen Domingo a tod@s!
Mientras saboreamos el café primero de la mañana os cuento, que he llegado de este viaje plena de alegría y satisfacción. Estos días con mi familia tan lejana en la distancia pero cerca, muy cerca del corazón…, ¡sobre todo mi hermana! que ha dejado en mí algo que ya, a travé de los muchos años que lleva allí, había olvidado. Ella siempre fue para mí especial por ser la mayor de todos y compartir con mi madre su maternidad. Nos crió a la par que ella como otra madre, así que tuve el privilegio de tener dos madres.
En estos dias que hemos compartido y recordado tantas anécdotas con mis hermanos que dejé aquí; ¡¡¡no sabéis lo que nos hemos reído, sobre todo leímos y comentamos una carta que le dejó mi madre en una de sus tantas visitas y que ella guarda como un legado evangélico para herencia de sus hijos y nietos…, (No me exrenderé mucho, solo un pequeño resumen). La carta está llena de bellos consejos que sólo el amor de una madre puede expresar.
… Refiriédose a la Navidad: “Es magnífico que en estos días hagáis regalos costosos a parientes y amigos, un signo de vuestra generosidad, ¿pero es éste el sentido de la fiesta? Es ésto lo que significa la Navidad para vosotros? Ni un pensamiento para entrar en el clima de la fiesta, ni una lectura de la Biblia, ni una oración. Tiene todo por fuera, pero por dentro no tiene nada.
Ya sé que me puedo equivocar, pero me atrevo a decírtelo: ¡No trabajes tanto! No dejéis tan amenudo a los niños. Los puedes perder del todo. La cuestión principal es que ganes tiempo para tus hijos, para tu marido y para Dios”.
Claro, de esto hace ya algunos años, cuando mis sobrinos eran aun pequeños, pero el mensaje está en que sepamos separar las cosas verdaderas e importantes. No es lo mismo ser felíz que aparentarlo.
“Os deseo que seáis muy felices en estas fiesta de Navidad”
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