| Autor | Respuestas |
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| Isabel.. | # Posted on 10 febrero, 2015 at 17:00 |
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-Quítate la ropa – te dije. -Quítatela. En la cama hay que entrar como en el mar, sin pendientes, sin anillos ni maquillaje alguno, con tu pelo suelto. Quítatela toda. Sin dejar de mirarme lo hiciste. Lenta, te desprendiste de tu bufanda y dejaste caer cada prenda en el suelo, como si cada una hubiese tenido por siempre su propio lugar, definido sobre la tarima de madera, y ahora hubiesen regresado a ella. Luego entraste en el mar de mis sábanas como una niña perdida en un bosque gobernado por las brumas. Una vez dentro te llevaste un cigarrillo a la boca, alargué mi mano y te lo arranqué de los labios. -Ahora no – dije tirándolo al suelo-. Más tarde, luego será tu historia. Sin desvestirme me incliné sobre ti y comencé la noche comiéndote la boca. Horas más tarde nuestros cuerpos seguían ardiendo. Tú dormías. Yo escribía una historia en mi cuaderno, me faltó papel y me sobraba tinta negra. De un solo movimiento te destapé completa. La sábana cayó al suelo de los pies de la cama como un gigantesco pétalo, dejando al descubierto la blancura de tu cuerpo. Dormías de lado. Acerqué mi pluma a tu hombro y comencé a escribir las últimas palabras de mi historia. Cuando despertaste eras una mujer diferente. Eras mi mujer de cuento, desde el hombro hasta el empeine de tu pie izquierdo. |
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