Lo mejor no es tratar al amigo sino al enemigo hacerlo amigo.
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Huye de las tentaciones, pero despacio para que puedadn alcanzarte.
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El azúcar no engorda… el que engorda el que se la toma.
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De mucho trabajar no se murió nadie… Pero ante la duda, mejor no arriesgarse.
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Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto.
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Tener la conciencia limpia, solo es sintoma de mala memoria.
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Mejor que nos gobiernen la prostitutas porque ya estamos cansados deque nos gobiernen sus hijos.
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Entre ruidos y prisas el silencio puede ser el mejor arma de que dispones para acercarte a ti mismo.
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El secrto de tu alma se esconde lo más bello de tu corazón.
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Entraré de puntillas, sin hacer ruido, pare no romper la hermosura que me ofreces de tu silencio.
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El silencio es el mayor grado de comunicación.
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RELIQUIAS.. (Continuación..)
En Rusia también podría estar algunos huesos de Adolfo Hitler. En el año 2000, los Archivos Federales de Moscú fueron la sede de una exposición titulada “La agonía del Tercer Reich: el justo castigo”; allí se mostró al público el que sería el cráneo del Führer. La versión rusa cuenta que luego de que las tropas soviéticas entraron a Berlín en 1945, descubrieron sus restos quemados. Posteriormente, el cadáver habría sido enterrado en Magdeburgo, al Este de Alemania, hasta que en 1970, el entonces jefe de la KGB, Yuri Andropov, ordenó incinerarlo. Al parecer, los huesos de la cabeza y parte de su mandíbula y dientes fueron guardados por la agencia de inteligencia. Pero sólo en 1993 se dio a conocer esta historia. “El cráneo tiene un agujero por la bala con que se suicidó”, dijo a SEMANA Mark Benecke, biólogo forense invitado por la National Geographic para analizar el hallazgo. Para ello comparó el material con una radiografía, que en 1944 le habían hecho a Hitler y por eso considera que es real.
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RELIQUIAS… (Continuaciòn..)
El propietario, Igor Kniazkin, dijo que se lo había comprado a un anticuario francés por 8.000 dólares, junto con un archivo de cartas del consejero de Alexandra, la última zarina rusa. Sin embargo, hay muchas dudas en torno a que sea real y no un pepino de mar, como sucedió años atrás con otro ejemplar. Una de sus más recientes biografías afirma que Rasputín era impotente y que se ufanaba de su equipo para ocultarlo. Relata que sus sesiones consistían en seducir con palabras y caricias, para luego terminar con un casto beso y una oración. Sin embargo, la leyenda cuenta que sus orgías con nobles y plebeyas eran famosas. Y habría sido una fiel seguidora la que quiso quedarse con su recuerdito cuando fue asesinado. En 1920 lo habría adquirido un grupo de mujeres rusas, radicadas en París y posteriormente lo habría reclamado una de sus hijas. Como sucede en estos casos, durante mucho tiempo no se supo cuál había sido su destino. (Continúa..)
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RELIQUIAS.. (Continuación..)
Sin embargo, no se ponen de acuerdo en si lo hizo luego de la extremaunción para quedarse con un souvenir, o si lo imputó como venganza por una vieja rencilla.. Recientemente, cuando a la hija de Lattimer le preguntaron por la autenticidad de la pieza, respondió: “Obviamente los franceses no quieren que esté aquí, pero su procedencia está fuera de duda”.
Fascinación por los órganos: La fascinación por los órganos napoleónicos tiene su historia. En 1841, el museo del Royal College of Surgeons de Inglaterra adquirió dos pedazos de los intestinos del emperador, pero fueron destruidos en la Segunda Guerra Mundial.
Otro miembro viril de colección es el de Rasputín, conocido como “el monje loco de Rusia”. En 2004 se convirtió en la principal atracción del primer museo del erotismo, en San Petersburgo. Era imposible que entre los falos de cerámica no sobresaliera este ejemplar marcado “Pene de Rasputín, asesinado la noche del 16 al 17 de diciembre de 1916. 28.5 centímetros”. (Continúa…)
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RELIQUIAS… (Continuación..)
En abril y a sus 94 años, murió el doctor Harvey, y un mes después falleció también el urólogo John Lattimer, quien alegaba ser el dueño del pene de Napoleón, que conservaba junto a una ampolla de cianuro utilizada por Hermann Göering, comandante de la Luftwaffe (la fuerza aérea de la Alemania nazi), y el cuello de la camisa ensangrentada con la que murió el presidente Abraham Lincoln.
Lattimer decía del imperial pene, que tenía “4.1 centímetros y que en erección alcanzaría un máximo de 6.6 centímetros”. Ese tamaño, que no corresponde a su fama de incansable amante, aparentemente se debía a un desorden endocrino que limitó el crecimiento de sus genitales. Lattimer lo habría adquirido en una subasta por unos 40.000 dólares en 1969, tras verlo cuando su propietario, un librero de Filadelfia, lo exhibió en el museo de arte francés de Nueva York. El espécimen tiene “la apariencia de un cordón de zapato retorcido, o una anguila arrugada”, según Judith Pascoe, autora del El Armario del Colibrí: una curiosa historia de los coleccionistas románticos. Pascoe dijo a SEMANA que ese extraño gusto por coleccionar partes de famosos “obedece a un deseo de identificarse con el personaje”. Agrega que en el caso de Napoleón, tal fetichismo se debe a que es considerado un epítome de “la potencia y la dominación masculinas”. Los biógrafos cuentan que el responsable de extirpar los genitales habría sido un sacerdote, llamado Ange Vignali.
(Continúa..)
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