En verano son muy gratos los momentos que paso en el pequeño huerto que tengo detrás de mi vieja casona. Hay un árbol de avanzada edad, que con su sombra me cobija de los rigores solares. En ocasiones dormito bajo él y al despertar me encuentro abrigado por hojas desprendidas de sus retorcidas ramas. Le acompaño muchos atardeceres y juntos miramos los días en su ocaso. Hay puestas de sol en las que el cielo queda pintado de un dulce color rosado y es el momento que algunos pajarillos retornan a los nidos que entrelazaron en sus enramados brazos. Es en estos momentos cuando siento vibrar mi alma y en un pedazo de papel quiero inmortalizar lo que siento, sean locuras de amor, poesías o versos.
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