Eramos como quien dice tiernamente amigos
Dos pequeños vagabundos a lomo de río,
En nuestro pequeño bote de madera
Ibamos pariendo luz de primavera
A los trece un niño no miente cariño,
Y les puedo asegurar que no tuve nunca más un amigo igual.
Nos juramos de por vida ser amigos fieles,
Entre novias y poemas, risas y burdeles.
Nunca separarnos, libertad o muerte.
Siempre defendernos, sueño adolescente.
A los diecisiete vida es utopía
Y les puedo asegurar que no tuve nunca más un amigo igual
Desandamos tantas veces el camino andado,
El perdió su fe y a veces nos telefoneamos.
Ya no tiene gracia nuestra verborrágia
Yo sigo montando sobre el mismo río
El vendió sus sueños y acortó caminos.
Mas les puedo asegurar que no tuve nunca más un amigo igual
El perdió lo suyo y yo también perdí lo mío
Algo nos cambió el perfume tierno del estío
Entre bambalinas yo juego a estar vivo
El cepilla un perro todos los domingos
Ya no creo que recuerde nuestro río
Más les puedo asegurar que no tuve nunca más,
un amigo igual Aún recuerdo su sonrisa y siento que el destino
Es como algunas botellas donde duerme el vino
Unas se conservan y otras se avinagran,
Y aunque el tiempo mate ciertas bellas almas
Siempre guardo lo que fuera suyo y mío,
Y les puedo asegurar que no tuve nunca más un amigo igual
No puedo darte soluciones para todos los problemas de la vida, ni tengo respuestas para tus dudas o temores, pero puedo escucharte y buscarlas junto a ti.
No puedo cambiar tu pasado ni tu futuro.
Pero cuando me necesites, estaré allí.
No puedo evitar que tropieces.
Solamente puedo ofrecerte mi mano para que te sujetes y no caigas.
Tus alegrías, tu triunfo y tus éxitos no son míos.
Pero disfruto sinceramente cuando te veo feliz.
No juzgo las decisiones que tomas en la vida.
Me limito a apoyarte, a estimularte y a ayudarte si me lo pides.
No puedo impedir que te alejes de mí.
Pero si puedo desearte lo mejor y esperar a que vuelvas.
No puedo trazarte límites dentro de los cuales debas actuar, pero sí te ofrezco el espacio necesario para crecer.
No puedo evitar tus sufrimientos cuando alguna pena te parte el corazón, pero puedo llorar contigo y recoger los pedazos para armarlo de nuevo.
No puedo decirte quién eres ni quién deberías ser.
Solamente puedo quererte como eres y ser tu amigo.
En este mundo traidor
nada es verdad ni es mentira
pues depende del color
del cristal con que se mira.
Si el cristal está empañado
esa verdad se te escapa
cuando llega un fresco viento
esa verdad se destapa
y se disipan las dudas
y entonces la ves muy clara
a veces es poco amable
y hiere como una daga
tan cortante y afilada
que se te clava en el alma.
A veces otros se empeñan
en empañar tu mirada
para que tú solo veas
su verdad interesada
la que a ellos les favorece
y tú no le importas nada
y tu ilusión se didipa
y se te acaba la calma
y como una hoja el río
ya la arrastra sin pararla.
Pero la verdad florece
jamás puede estar callada
y sale a la superficie
y te regresa la calma.
El cristal está ya limpio
contemplas tus manos blancas
la verdad resplandeciente
está brillando en tu alma.
Por muy negra que la noche
se presente en tu ventana
mañana lucirá el sol
y renacerá tu alma.
Sabrá apreciar, el hombre que me ame
la suavidad externa de una piel.
Navegará hasta mi mar profundo
donde habita la alondra de mi yo fiel
de la sensibilidad y la ternura ignotas
la transparencia del más íntimo sentimiento.
Su amor debe ser fuerte como el roble
acogedor y protector cual su rotundo tronco
pero a la vez tan tierno como una flor liviana.
No dudará jamás de mi franqueza
no temerá jamás el oro de mi pelo
ni el brillo de mis ojos…
Sabrá mirarse en ellos con dulzura.
Respetará callado mis silencios
enjugará mi llanto con ternura
arrancará de mi con sus carícias
la dulce melodía del gemir amoroso.
Hará poesía de su vida y luces de sus sombras
Me regalará el tiempo y el espacio para mi libertad
Será mi sueño deseado, será mi dulce depertar.
Un sol rojizo se eleva
por detrás de la montaña
arrogante y muy soberbio
para calentar con saña.
Por eso muy de mañana
cuando no aprieta el calor
hay que aprovechar el tiempo
porque después es peor.
Largos días de verano
con la luz por compañera
con ropas claras y alegres
pensemos en la manera
de aguantar estos rigores
de una forma placentera.
Cada estación es distinta
ahora nos toca el verano
que aunque recien estrenado
aprieta como un tirano.
Pues atiende tus asuntos con toda tranquilidad amiga Isabel, yo como siempre voy a seguir escribiendo en tu foro esperando que regreses muy pronto.
Un gran abrazo!!
Cuando el mar es un gran lago
de intenso color azul
tan apacible y calmado
en apacible quietud
las olas llegan besando
despacio y con suavidad
dejando una fina estela
de blanca espuma de mar
que tal parece un encaje
con su blancura exquisita
y te acaricia un instante
y al momento se disipa.
El agua es como un cristal
tan limpia y tan transparente
que se puede ver el fondo
y nadando algunos peces.
Distintos tonos de azules
pálidos o acentuados
se distinguen a lo lejos
con brillos tornasolados.
Y en esas aguas tranquilas
te introduces con placer
sientes su fresca caricia
apaciguando la piel.
Los rigores del estío
son mucho más llevaderos
si cerca tienes un río
o mejor un mar entero.
Pues como bien dice el titulo me ausento durante un tiempito, simplemente hasta que termine de solucionar algunos problemas En cuando pueda lo retomaré. Supongo que será prontito, no preocuparse que descienda, pues hay tiempo de sobra para retomarlo. Los extrañaré…Hasta la vuelta. Isabel.-
Por amor… el temor a perderte
es por amor el miedo a no tenerte.
Es por amor que vive mi ilusión
y por amor late mi corazón.
Es por amor que ya te di mi alma
y desde entonces perdí toda mi calma.
Tú eres mi amor, el aire que respiro
tu dulce voz, enerva mis sentidos.
Eres amor, mi puerto en la tormenta
eres timón que enderenza mi senda.
Tu abrazo es mi refugio y mi sosiego
eres amor, el hombre a quien yo quiero
eres mi paz, mi ilusión , mi agonía
eres el pan que alimenta mi vida.
Y cuando a veces me siento tan perdida
tu firme brazo me sostiene y me guía
calmas mis miedos, mis dudas, mis temores
se olvida todo, ahuyentas sinsabores.
Cuando la noche es más negra y más fría
el calor de tu cuerpo me devuelve a la vida.
Tú me haces fuerte, alegre, esperanzada
si estás conmigo, ya no me importa nada.
Dentro de mi, el valor y el coraje
me ayudan a luchar contra el fuerte oleaje.
Por eso te amo tanto, contra viento y marea
por conservar tu amor haría lo que fuera.
De noche, muertos de luna,
nos vimos en la ventana.
– Mi hermanito está en la cuna;
le estoy cantando la nana.
“Quítate de la esquina,
chiquillo loco,
que mi padre no te quiere
ni yo tampoco”.
Y mientras que tú cantabas,
yo inocente, me pensé
que la nana nos casaba
como a marido y mujer.
¡Pamplinas, figuraciones
que se inventan los chavales!
Después la vida se impone:
tanto tienes, tanto vales…
Por eso yo, al enterarme
que estabas un mes casá,
no dije que iba a matarme
sino… ¡que me daba igual!
Mas, como es rico tu dueño,
te brindo esta profecía;
tú, cada noche, entre sueños,
soñarás que me querías,
y recordarás la tarde
que tu boca me besó
y te llamarás ¡cobarde!
como te lo llamo yo.
Y verás, sueña, que sueña,
que me morí siendo chico
y se llevó una cigüeña
mi corazón en el pico…
Pensarás: No es cierto nada;
yo sé que lo estoy soñando.
Pero allá a la madrugada
te despertarás llorando
por el que no es tu marío
ni tu novio, ni tu amante,
sino… ¡el que más te ha querío!
¡Con eso tienes bastante!
José Miguel no le riñas,
que está empezando a querer.
Mi padre encendió un pitillo,
se enteró bien de tu nombre,
y te compró unos zarcillos,
y a mí, un pantalón de hombre.
Yo no te dije “te adoro”,
pero amarré a tu balcón
mi lazo de seda y oro
de primera comunión.
Y tú, fina y orgullosa,
me ofreciste en recompensa
dos cintas color de rosa
que engalanaban tus trenzas.
– Voy a misa con mis primos.
– Bueno; te veré en la ermita.
¡Y qué serios nos pusimos
al darnos agua bendita!
Mas, luego, en el campanario,
cuando rompimos a hablar:
dice mi tí Rosario
que la cigüeña es sagrá…
Y el colorín y la fuente,
y las flores, y el rocío,
y aquel torito valiente
que está bebiendo en el río.
Y el bronce de esta campana,
y el romero de los montes,
y aquella raya lejana
que le llaman horizonte.
¡Todo es sagrao! Tierra y cielo,
porque too lo hizo Dios.
– ¿Qué te gusta más?
– Tu pelo.
¡Qué bonito le salió!
Pues, y tu boca, y tus brazos,
y tus manos redonditas,
y tus pies, fingiendo el paso
de las palomas zuritas.
Con la blancura de un copo
de nieve te comparé.
Te revestí de piropos
de la cabeza a los pies.
A la vuelta te hice un ramo
de pitiminí precioso,
y luego nos retratamos
en el agüita del pozo.
Y hablando de estas pamplinas
que inventan las criaturas,
llegamos hasta la esquina
cogidos de la cintura.
Yo te pregunté:
– ¿En qué piensas?
Tú dijiste:
– En darte un beso.
Y yo sentí una vergüenza
que me caló hasta los huesos.
Me lo dijeron ayer
las lenguas de doble filo,
que te casaste hace un mes…
Y me quedé tan tranquilo.
Otro cualquiera, en mi caso,
se hubiera echado a llorar;
yo, cruzándome de brazos,
dije que me daba igual.
Nada de pegarme un tiro,
ni de enredarme a maldiciones,
ni de apedrear con suspiros
los vidrios de tus balcones.
¿Que te has casado? ¡Buena suerte!
Vive cien años contenta
y a la hora de la muerte
Dios no te lo tenga en cuenta.
Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre
que no te guardo rencor.
Porque sin ser tu marido
ni tu novio, ni tu amante,
yo soy quien más te ha querido:
¡con eso tienes bastante!
– ¿Qué tiene el niño, Malena?
Anda como trastornado;
le encuentro cara de pena
y el colorcillo quebrao.
Y ya no juega a la tropa,
ni tira piedras al río,
ni se destroza la ropa
subiéndose a coger nidos.
¿No te parece a ti extraño?
¿No es una cosa muy rara
que un chaval con doce años
lleve tan triste la cara?
Mira que soy perro viejo,
y estás demasiado tranquila.
¿Quieres que te dé un consejo?
Vigila, mujer, vigila…
Y fueron dos centinelas
los ojillos de mi madre.
– Cuando sale de la escuela
se va pa los olivares.
– ¿Y qué busca allí?
– Una niña:
tendrá el mismo tiempo que él.
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